Seamos serios. Con la llegada de las descargas de películas por internet (a las que me niego a denominar “ilegales”, tal y como hacen fríamente los númerosos mass media españoles), el ancho de visión del ciudadano medio se incrementó notablemente. En muchos de los casos, desviando la atención de los dos o tres Blockbusters mensuales provenientes de Yanquilandia y facilitando a muchos creadores anónimos ser vistos por el común de los mortales. Y, quien niegue esto, simplemente no quiere ver. Internet ha facilitado que mucha gente acceda a numerosas...